Pacto con el Diablo
Y efectivamente, al principio el viejo gruñón la rechaza pero tras
ver la carta y enterarse de que necesita el puesto para mantenerse a salvo, la acepta
aunque sin dejar de protestar.
Durante tres años, la vida de Aubrey es relativamente normal. A pesar de las continuas
disputas con el comandante y las cartas que semana sí y semana también tiene que escribir
al sobrino de éste, auténtico dueño del castillo para que preste más atención tanto a la
propiedad como a su tío, está bastante contenta con la vida que lleva... hasta que el
comandante aparece asesinado y ella se convierte en la principal sospechosa.
Giles, Lord Walrafen, hace años que dejó de considerar Cardow su hogar, contiene
demasiados recuerdos amargos de una infancia infeliz. Pero cuando su tío muere, no
tiene más remedio que regresar. Es entonces cuando conoce a su ama de llaves, la
señora Aubrey Montford, quien ha estado volviéndole loco con sus cartas, sermoneándole,
durante tres años. Sin embargo, al conocerla en persona, otro tipo de locura se apodera
de él: un deseo ardiente e irracional. No parece importar que ella sea tan sólo una criada y
puede que una asesina. Giles está decidido a tenerla en su cama, quizás para siempre...
Si tan sólo ella se atreviera a confiarle su pasado...
Al igual que me paso con Cita con el Diablo, mientras iba leyendo (especialmente
los primeros capítulos) me decía a mí misma: Que libro más raro. Esto se debe básicamente
a dos cosas: la primera es que tiene tendencia a hablar de demasiados personajes secundarios,
y como sus novelas no están traducidas en nuestro idioma, nos resultan desconocidos y no
entendemos del todo las situaciones en que se ven envueltos; la segunda, su forma de
expresarse (bueno, no sé si la suya o la de la traductora, que no es que esté mal pero
la encuentro diferente). Claro que según avanzaba la lectura y me metía de lleno en
la vida en Cardow, disfrutaba cada vez más del libro, viendo como se desarrollaba
la relación entre los protagonistas y me volvía loca esperando el momento en que los
secretos de Aubrey quedaran al descubierto.
Algo que nadie puede negarle a Carlyle es que tiene un don describiendo personajes:
Aubrey, la misteriosa ama de llaves, una joven que pese a saber mantener las distancias
tanto con sus superiores como con los criados a su rango, es amable con todo el mundo
aunque a veces la pierde el pronto que tiene. Giles, un lord profundamente involucrado
en la vida política y en la defensa de los derechos humanos; me ha sorprendido la
confianza que muestra en Aubrey pese a la negativa de ella a devolverle el favor y
contarle sus problemas, aunque no me ha gustado su actitud en sus primeros encuentros
pasionales. Pero Carlyle no se queda ahí; nos muestra algunos personajes temibles,
otros bastante ridículos... pero todos interesantes. Volveremos a encontrarnos con
Kemble cuando Terciopelo publique en Noviembre Deuda con el Diablo, pero ¿para
cuándo las historias de los Delacourt (A Woman of Virtue) y de Max (No True Gentleman)?
Isabel
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